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jueves, 21 de noviembre de 2013

Post-partida de Arcaron: La Locura de Athma

Como algunos sabeis, entre mis múltiples aficioines se incluye la de jugar a rol, en especial, a rol en vivo.
Pues bien, este fin de semana he estado en una partida de una saga a la que le tengo especial cariño, Arcaron, basada en los juegos de Final Fantasy, y he llevado un personaje (PJ) con el que, pese a que nos parecemos como el auga y el aceite, me siento especialmente unida e identificada, Shemhazai, la Emperatriz de la Luna (quizás influya que siempre me he sentido atraída por la astronomia y la magia de la Luna, y que la clavaron dándome este personaje ^^). 
En esta ocasión me ha parecido conveniente hacer un epílogo al finalizar la partida volcando los sentimientos y sensaciones de Shemhazai, y he decidido compartirlo aquí también.
No sería justo por mi parte agenciarme la total autoría del texto, pues el final está vinculado al epílogo de mi hermana en juego, Zalera, así que parte de la creación pertenece a Azalea de Whimsyshire.


El caos y el dolor se ciernen sobre mi. He visto morir a mi hermana, de la forma más atroz y agónica posible, no una vez, sino ocho. Ocho ocasiones llenas de sufrimiento, ocho veces en la que la perdía sin poder hacer nada por salvarla. Nada, absolutamente nada más que gritar su nombre presa del pánico y la impotencia, mientras recibía sus ataques descontrolados en medio de su agonía. No me importan, me importa ella.
- ¡Zalera! ¡Zalera!
En medio del caos me cegó, me daba igual. “Sacadla de ahí” escuché, y noté como llevaban junto al resto del grupo. Cuando recuperé la visión le ví. Ese Beaver, lo sabía, sabía lo que nos pasaría si cualquiera de nosotras tocaba el cristal y no nos lo dijo. El mismo humano que nos exigió que nos posicionáramos en el bando de los humanos en la gran guerra que tanto mencionan. ¿Os creeis que me importan vuestras estúpidas guerras? Mi posición es firme, y la he repetido en múltiples ocasiones a diferentes personas, no traicionaré a quien no me traicione. Pero la naturaleza humana parte de la traición y el egoísmo.
Por fin Zalera deja de convulsionarse y reaparece definitivamente. Está débil, pero está viva. Salimos juntas, y pasamos a la siguiente sala. Los cristales. Los sentimos. Los vemos, y corremos para recuperar nuestras almas y las de nuestros hermanos, atrapados aún en la más absoluta y agónica soledad.
El cristal me llama, pero me sobrepongo. Zalera necesita absorverlo antes que yo. Varias personas a nuestro alrededor esperan pacientes a que les confiemos los otros dos cristales. pero ahora no, ahora debo proteger a mi hermana y alzo un muro a su alrededor para proporcionarle el máximo de tranquilidad durante el proceso. Alguien rompe mi escudo e intenta arrebatarme un cristal. De nuevo Beaver. ¿Tal es la desconfianza que tienen hacía nosotras, que aún sin haberlos traicionado en ningún momento, no son capaces de esperar que cumpliremos nuestra palabra cuando sea preciso? ¿Hasta ese punto llega el egoísmo humano que no son capaces siquiera de comprender algo tan básico como el proteger a un hermano? Me arrebata un cristal que en ningún momento tenía intención de darle a él. No a él. Habían humanos más amables que tenían mi confianza, pero él no es uno de ellos.
Me uno a mi cristal, me siento mejor. Vuelvo a la lucha, y entre todos salimos victoriosos y escapamos de Athma. Cuando creía que no podía pasar nada más, que estábamos a salvo, Zalera se desplomó en mis brazos.
-¡No! ¡Zalera! ¡Zalera, despierta!
Al llegar a Chien Li, por fín volvió en sí. Durante su desmayo, había estado llorando ¿Por qué? ¿Qué había visto?
-Tenemos que irnos ya, el barco se marcha a Mysidia, ¿Qué hacemos? -le pregunté.
-El cristal de Luz se lo queda el mysidiano, el cristal de Naturaleza se queda aquí….Sólo queda esperar que nuestros hermanos puedan encontrar la manera de librarse del encierro, nosotras no podemos hacer más…Marchémonos, hay trabajo que hacer.