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martes, 22 de diciembre de 2015

Un buen día

Hoy es uno de esos días en los que te sientes bien, muy, muy bien. De esos que la vida te sonríe, lleno de pequeñas cosas que te transmiten bienestar.
Supongo que ya estaba más que predispuesta a que fuera un buen día. El último de clase, tanto en la escuela infantil como en el máster, que siempre es algo que alegra. ¿Quién no tiene ganas de empezar las vacaciones?
He ido a comprar regalos, y entre descuentos y ofertas, el tiro me ha salido muy bien. Sobre todo, teniendo en cuenta que, económicamente, no nado precisamente en la abundancia. Trabajo media jornada, así que no puedo tener un sueldazo (aunque cobro mucho mejor que en otros lugares donde hacía el mismo horario, eso sí). En fin, que esto ya sube la moral. ¿Un poco materialista? Quizás. Pero oye, no me pienso cuestionar las cosas que me hacen sentir bien. O por lo menos, no hoy.
Después, de vuelta al trabajo, la emoción del último día era contagiosa, juntada con el cumpleaños de la directora. Un buenrollismo general que genera un ambiente de trabajo genial.
Los detalles de antes de las vacaciones también se agradecen. Y saliendo de los típicos bombones, un padre nos ha regalado una piña fresca a cada educadora. Me ha encantado. Y no porque me guste especialmente la piña, para nada, pero ha sido el regalo má curioso que jamás me ha hecho un padre. Y también me ha puesto de buen humor, qué le vamos a hacer.
Y entre piña y piña, nos hemos enterado de que el número de la Loteria que habiamos comprado en la escuela infantil ha resultado premiado. La pedrea, 100€ por cada número. Un pellizquito. Los gritos y la alegría no han despertado a los niños de la siesta de milagro, porque vamos, escandalosas, lo somos un rato. Como ha dicho una compañera, "mira que somos humildes, que nos emocionamos como locas por cien eurillos." Que no es gran cosa, pero oye, me ha encantado que todas tuvieramos una participación del número y a todas nos tocara algo. ¿Va a ser verdad, que lo mejor es compartir?
Después, cargada como una mula con la bolsa de regalos, la de ropa del trabajo y la piña, me he ido a clase del máster. Y una amiga me ha dado una bolsita de galletas hechas con sus manitas. Me encantan estos detalles. De verdad.
Y después de la clase, el "Tió cultural", para despedirnos, merendar todos juntos y explicar a los no catalanes porqué le pegamos a un trozo de tronco para que nos cague regalos. Y que lo vivan en primera persona, porque obviamente hemos hecho cagar al Tió como manda la tradición. Y de extra, se sorteaba una figurita de un caganer, que ya me direis, que obsesión tenemos con el tema los catalanes XD . Pues sí, me ha tocado a mí también.

No sé, parece que ha sido mi día de suerte o algo.




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