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jueves, 6 de octubre de 2016

Equilibrio



Esto del equilibrio de la vida, del yin y el yang, que en todo lo bueno hay algo malo y viceversa… Empieza a ser una mierda. Pero es que no falla. Si me pasa algo bueno, casi automáticamente recibo una mala noticia que me revienta la burbuja. Si me pasa algo malo, llegan buenas noticias que ayudan a paliar el golpe. Pero habitualmente, a mí me pesan más las malas noticias que las buenas. Mi novio me ha dicho alguna vez que soy como una montaña rusa emocional y que a veces cuesta seguirme el ritmo. Y es verdad: con las buenas noticias, soy la persona más exageradamente feliz del mundo, todo es una fiesta y el Universo brilla más; pero las malas también me afectan en extremo, más que lo que parecen afectarle a otras personas, y me hundo mucho. Muchos amigos no paran de pasarme enlaces sobre artículos de personas altamente sensibles (PAS). Yo siempre pensaba que era una exageración, que simplemente soy bastante empática y ya, pero a lo mejor tienen razón.

Ayer el día empezó genial, como casi todos los de este nuevo curso. Estoy en medio de un montón de proyectos que me motivan muchísimo. Y me voy de viaje el viernes. Fui a la Universidad para continuar trabajando en la documentación de un yacimiento, cosa que me hace absurdamente feliz, y estuvimos moviendo papeles para que pueda acceder libremente a un despacho, para trabajar a mi gusto y a mi ritmo sin depender siempre de otra persona. Estaba en mi propia burbuja de felicidad. Y por la tarde recibí una noticia que, aunque no me afectaba directamente, me tumbó. Hoy estoy triste por una amiga. Y el tiempo acompaña.

La única parte buena es que me puedo tumbar un rato en la cama y dejarme gatiquerer por Oreo y Muxía. Y que mañana haré una escapada que me hace mucha ilusión.

Oreo y Muxía, dos de mis gatiamores

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